Tras la declaración de Califato, y siguiendo los modelos orientales, Abderramán III ordena la construcción de una gran ciudad – palatina, que sea la sede de la Corte Omeya, del poder de su imperio. Córdoba se convierte así en una capital con dos sedes: la madina propiamente dicha y Medina Azahara, donde reside el aparato burocrático y cortesano...